La Idea de Libertad Verdadera

La Idea de Libertad Verdadera

abril 20, 2024 0 Por Julian Ballen
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Desde Una Mirada A La Teoría De Contrato Social De Jean-Jacques Rousseau

Por: Julián Humberto Ballén Espinosa

Voy a ser sincero, me cuesta trabajo desde mis categorías actuales (entendidas como las condiciones propias de mi contexto, desde las cuales interpreto los conceptos ligados al conocimiento) aceptar una idea de naturaleza respecto al comportamiento que se supone proporcional a nuestra especie, una crítica que ya han realizado otros autores y que actualmente se postula como condición humana[1], que abarca la totalidad de la experiencia y formas de vivir, haciendo referencia a la esencia de lo que significa ser humano.

Sin embargo, en busca de ampliar los horizontes de mis propios pensamientos realizo el ejercicio de escritura a partir de la lectura, como una excusa para comprender, recordando a Descartes cuando expresa que estudiar los textos es cómo conversar con las mejores mentes del pasado. Entre las cuales el pensamiento del Suizo Jean-Jacques Rousseau postula una perspectiva que fragua un intento de explicar la naturaleza de lo humano en su sentido político, proponiendo que nuestra especie transita tres estados de un aparente desarrollo; un primer estado al que llama hombre natural o estado de naturaleza, en el cuál se identifican dos cualidades fundamentales, el amor así mismo y la compasión. Un segundo estado que denomina hombre histórico que representa la degeneración del ser humano actual, donde su armonía natural ha sido corrompida por la civilización, la educación y las normas sociales. Menciona que parte de la culpa de este deterioro social, yace en la idea de propiedad privada, la cuál es el origen de crímenes, guerras y desigualdades sociales[2], marcando el inicio de la caída del hombre desde su estado de naturaleza igualitario hacia una sociedad desigual, por ello es necesario establecer criterios que lo regulen de común acuerdo. Una tercer etapa llamada hombre civil, es aquel que ha alcanzado a través del contrato social[3], un estado de convivencia social regulado por leyes establecidas por la voluntad general del pueblo.

En un primer momento para el autor, el estado de naturaleza está caracterizado por la libertad común, en la cuál el hombre debe velar por su propia conservación, el humano se presenta entonces en una suerte de momento primitivo inocente, incontaminado y en armonía social con sus semejantes, donde no posee la capacidad de elevar juicios morales, regido tan sólo por su inocencia, de allí que no sea posible enmarcar sus acciones a buenas o malas, pues estas valoraciones equivalen a la comparación de los actos con un orden establecido (que posteriormente es llamado; voluntad general del pueblo), sin embargo para Rousseau, existe la bondad y el amor como características propias de su existencia. Lo que parece simplemente un intento de justificación de una opinión, pues este primer escenario por lo menos es un elemento ficcionado, ya que desde los acercamientos biológicos y antropológicos no referencian características de vida social u orgánicas que respalden tal afirmación.

Sin embargo, este texto no es del todo una crítica a la idea de bondad como estado primero en el ser humano, tan solo a la forma en la que se eleva sin más tal premisa, aun así, permanecen algunos elementos dignos de ser revisados. Podemos empezar desde la idea de naturaleza que plantea una libertad común, que como ya se ha mencionado es el instinto puro de la propia conservación. Aquí se da lugar el uso de la fuerza, la cuál no constituye un derecho en sí, esto es; no es algo legítimo la imposición del más fuerte, sólo se está obligado a obedecer al poder que causa esa fuerza por el mismo instinto de conservación, ósea, por el uso mismo de la libertad.

Libertad que eventualmente aunada a la razón le permite al humano percatarse de la empatía hacia sus iguales y la mejoría en sus condiciones de vida al sumar fuerzas con otros de voluntad similar, una voluntad que consecuentemente se presenta desde las formas más básicas como las familias, hasta el orden civil, el cuál es un estado voluntario.

Así pues, menciona Rousseau, que los pueblos sean pueblos supone una previa unanimidad, un acuerdo, una convención en la cada quién pone en común su persona y todo su poder (incluyendo su libertad) bajo la dirección de una voluntad general para percibirnos como un todo. Es preciso aclarar que esta voluntad general no consiste en la suma de voluntades individuales, esto sería una mayoría y el la llama la voluntad de todos, la cual puede terminar favoreciendo a los grupos mayoritarios que toman las decisiones y perjudicando a quienes quedan segregados. La voluntad general es por el contrario la idea misma de bienestar común que ya es preexistente y que debe ser reconocida y alcanzada por la totalidad de los participantes de la unanimidad que ahora llamaremos contrato social.

El hecho de darse esta convención mencionada y elevarnos todos a la figura de hombre civil, genera un cuerpo político, que ha sido llamado pueblo, república, ciudad, estado, etc. Que cuenta, en teoría, con la característica de promover en todo momento la voluntad general, así pues, a sus participantes se les obliga (por decirlo de alguna manera) a ser libres.

Una libertad que el autor considera verdadera, en contraposición a su idea de estado natural en la que la idea de libertad estaba subordinada a la capacidad de tomar lo que apetece y velar por su propia vida, la libertad del estado civil, ahora, libertad civil le permite al humano, desarrollar facultades, extender sus ideas, ennoblecer sus sentimientos y elevar su alma, transitando de un estado de esclavitud ante el apetito y los impulsos a una libertad moral en la cual es el hombre es dueño de si mismo, puede reconocer el bien del mal y elegir hacer lo bueno desde una igualdad por convención y derecho que rompe la desigualdad natural de la fuerza y el talento. ¿contradictorio?

Con la posibilidad de cerrar este texto que no es más también que mi perspectiva respecto a las ideas de un “ilustre hombre” que fácilmente pueden ser interpretadas de algunas otras formas diferentes, mi deseo en esta ocasión es abrir dudas más que dar conclusiones y que usted el lector pueda de alguna manera colaborar conmigo para dar por alcanzado el propósito que buscaba, el de comprender.

Las preguntas fundamentales en este asunto son ¿realmente vivimos una libertad en la que somos dueños de nosotros mismos? ¿la voluntad general busca el bienestar común? ¿somos en esencia buenos por naturaleza? ¿existe una naturaleza de lo humano?

Julián Humberto Ballén Espinosa
@dialogos_julian_ballen
[email protected]


[1] Arendt, H. (2005). La condición humana.

[2] Rousseau, J. (1820). Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres.

[3] Rousseau, J. (1880). El contrato social.

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