El Odio, la herencia de la ignorancia

El Odio, la herencia de la ignorancia

enero 11, 2024 1 Por Julian Ballen
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Por: Julian Humberto Ballen Espinosa

«Nosotros no somos terrones de arcilla, lo importante no es lo que se hace de nosotros, sino lo que hacemos nosotros mismos de lo que han hecho de nosotros»

Jean-Paul Sartre. Saint Genet, comédien et martyr(1952)

Es que es mujer, es que es pobre, es que es negro, es que es gay, es que es religioso, es que diferente. Durante la historia de la humanidad siempre hemos tenido una oscura tendencia de orden social; ser participe o testigo de eventos inmorales, esto es que atentan directamente contra la idea bien, ósea que pueden o causan sufrimiento a otros de forma innecesaria y hemos tendido a justificar dichos actos en etiquetas de ignorancia. Comúnmente descargando la culpabilidad y el peso moral del hecho mismo en otro. Ese otro que incluso sin tener relación alguna con los acontecimientos dados, recibe todas las penas y cargas necesarias para que los culpables y observadores ahoguen su propia angustia de cargar con lo que no desean. Desde la muerte de Sócrates, los mártires cristianos como San Esteban, Santa María Goretti, Juana de Arco, hasta civiles que silenciosamente pasan sin un pie en la historia contada pero que sin embargo han sufrido de la ocasión de ser odiados y sacrificados como excusa para justificar una tensión moral.

En los últimos días he tenido la fortuna de vivir de cerca la realidad de personas que sin pedirlo han soportado el pesado lastre de ser juzgados, sin jueces, sin leyes, sin culpa. Juzgados simplemente por le hecho de estar situados en determinados territorios, pensar de determinada forma o simplemente verse de determinada manera. Este mecanismo ya instalado en la base biológica de los seres humanos, presente en varias especies de mamíferos es llamado como chivo expiatorio, concepto atribuido a la práctica judía en la cual un chivo era elegido en su fiesta de las expiaciones para descargar sobre él las culpas de todo el pueblo. Se esperaba que se limpiaran sus pecados por medio del sacrificio[1]. En sociología, el término se emplea para designar a una persona o grupo al cual los más afectados por la frustración redirigen su agresión[2]. Así pues, un chivo expiatorio es la denominación que se le da a una persona o grupo de personas a quienes se quiere hacer culpables de algo con independencia de su inocencia, sirviendo así de excusa a los fines del inculpador. De manera más específica, este apelativo se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados o para satisfacer la necesidad de condena ante la falta de culpables. Un modo directo de atacar al otro, ubicado de manera clara y sencilla en lo que podríamos denominar violencia directa, como toda acción puntual que genera daño o sufrimiento a otro ser sin ser con conciencia de dicho daño.

Sin duda una malversación de la tensión colectiva presuntamente transformada en algo llamado odio. Para Carolín Emcke en su ensayo Contra el odio[3] nos expone que este odio crece o prolifera más reciamente en contextos con difusión, incertidumbre y desconocimiento real de lo odiado, lo que probablemente genera certezas sobre el odio en sí, más no sobre el otro o incluso sobre el mismo contexto, la aplicabilidad pura de la ignorancia como artista principal desdibujando al individuo y los colectivos en algo irreconocible a lo cual se le ha de encomendar la tarea, sin una consulta previa de cargar todo ese odio deseante de salir, el cual requiere etiquetas generalizantes e inhumanizantes para su propósito.

Este odio colectivo e ideológico requiere de unos moldes prefabricados en los que poder verterse como lo expresa Emcke. Bastaría con quienes apoyan estos actos bajo una capa artificial de ingenuidad dudaran de sí mismos para debilitarlo desde sus bases. El odio no es algo natural, es algo que se fabrica, por ello, para hacerle frente es preciso no observar el odio, si no los mecanismos que lo alimentan e incuban. Esto es denominado también como violencia estructural, a cada una de las instancias sistémicas que permiten que se ejecuten hechos directos de violencia.

Así pues tenemos identificados dos grandes actores en la formula para un coctel de incomprensión y violencia, el primer ingrediente y el más abundante en nuestra sociedad; la ignorancia, una ignorancia perpetuada en diferentes instancias, algunas tan esenciales como el mismo ser, ignoramos lo que somos, ignoramos para que somos o porque somos, dando paso ineluctablemente al aferramiento masivo de ideologías, el segundo ingrediente que de alguna forma, aunque sus bases epistemológicas, morales, lógicas y formales estén situadas de manera definitiva por fuera de una realidad social, las seguimos sin mas buscando respuestas a aquellas preguntas fundamentales de la existencia misma.

Pero ¿porque existen o son promotoras del odio las ideologías?, pues de forma sencilla, porque gracias precisamente a esta ignorancia sobre todo aspecto relacionado al ser mismo algunos hombres han puesto su empeño en obtener un el reconocimiento que no les dieron sus padres y su razón por medio de la acumulación de riqueza y poder, buscando nuevamente, tal vez llenar este vacío de sentido en una vida que no se comprende del todo, estas personas utilizan formas de persuadir la ignorancia de otros y utilizar su necesidad de verdad para construir ideas que sean aceptables a nivel social y que les perita hegemonizar su sistema de pensamiento.

Así pues, por medio de los discursos de poder, se preservan ideas fundamentalistas, lo que quiere decir que promueven formas de entender el mundo desde un carácter purista o de verdad única y absoluta, lo que, por deducción natural, deja todo lo otro, aquello que no esta dentro de su planteamiento, como ajeno, diferente y fuera de la razón única emanada de un solo grupo de individuos buscando homogenizar la rica diversidad de nuestro planeta.

Hasta ahora hemos leído en este texto como las personas pueden cometer actos de violencia directa, que a su vez es perpetuada sistemáticamente, el cual es denominado violencia estructural, sobre esto, Johan Galtung[4] presenta de manera clara y ejemplificada la relación existente entre los tipos de violencia, estructural, cultural y directa. Dando prelación a la violencia cultural como aquella que legitima la presencia de los otros tipos. Para comprender mejor el concepto de violencia cultural realiza el autor una mirada a la cultura profunda como un dualismo entre yo y lo otro o entre bien y mal, atomístico u holístico, deductivo frente a dialectico, visto entonces como una lucha de contrarios a nivel conceptual que se refleja finalmente en las conductas de los individuos.

Galtung define la violencia cultural en su texto como cualquier aspecto de una cultura, ósea el ámbito simbólico de nuestra existencia (materializado en religión e ideología, lenguaje y arte, ciencias empíricas y ciencias formales, lógica y matemáticas) susceptible de ser utilizado para legitimar la violencia directa o estructural como por ejemplo en la teoría de raza superior.  Lo que no implica que, aunque se presencien aspectos de violencia cultural en una cultura especifica, no debamos caer en el error de generalizar que dicha cultura es violenta en su totalidad y naturaleza.

Siempre hay de forma natural conflictos, que en psicología Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos, presentes en sociedad como disputas o yuxtaposiciones entre pensamientos y formas de acercarse a la realidad. Históricamente hemos decidido llevar estos conflictos por el camino de la violencia, buscando reducir a la parte opositiva. Si esto no es posible buscando a eslabón más débil en la cadena social para hacerle pagar por mi angustia interna, un chivo expiatorio, ambias como formas directas de manifestar el odio a través de actos violentos, de muerte y sufrimiento, escalando a formas de mantenerlo como sistemas vivos de discriminación, xenofobia, racismo, aporofobia, escasez, ausencia de derechos etc. Un panorama absurdo que aprueba desde la mentalidad colectiva estos comportamientos, la violencia cultural, es la respuesta de la inconciencia, la ignorancia y la versatilidad de las ideologías para buscar formas binarias de comprendernos.

Ante este panorama que pareciera nutrirse así mismo de una forma casi hegemónica, existen algunas formas propuestas de desmantelarlo y debilitarlo desde sus entrañas para promover un tipo de sociedad donde no se cultive el dogmatismo como patrón del comportamiento. Una de estas formas es la resistencia civil contra las técnicas de exclusión e inclusión, oponerse a todas las pequeñas formas cotidianas de humillación y agresión. Y para ello es preciso preguntarnos primero, ¿porque para tantas personas su vida vale tan poco que están dispuestas a sacrificarlas por una ideología absurda? La respuesta a esta pregunta está en los relatores históricos que nos hemos contado generación tras generación. [5]La idea de pureza y naturalidad única a dañado a la humanidad a través de la historia, hemos de generar relatos en favor del valor de lo impuro que reafirme la pluralidad contra la individualidad en la sociedad acompañado de inversiones significativas en política, economía y cultura.

Hemos configurado el odio como un principio básico de comprensión de la realidad ante la inminente ignorancia que supone ser un humano, un odio que históricamente hemos transferido generación tras generación con el único objetivo de tratar de encontrar una justificación valida al porqué de la existencia, pobres almas vacías, incólumes que se adhieren a ideologías sin sentido con la esperanza de llenar una vida vacía de sentido lo que causa una angustia inimaginable que erróneamente se ha tratado de expiar con la violencia. Es hora de expiar la violencia misma. Desvanecer en el aire un principio absurdo que de manera casi cómica se instaura sin razón en una especie que se supone que lo único que tiene de especial es precisamente dicha razón.

Seamos humanos, razonemos, comprendamos, dudemos, aprendamos y disfrutemos de la variedad y la riqueza de diferencias que nos da el globo como oportunidades de poner en practica el ejercicio mismo de razonamiento. No somos lo que nos dicen que hacer, ni la violencia que hemos recibido, tenemos una mínima cantidad de entendimiento para ser mejores que eso.

Referencias

Carolín Emcke nos trae su ensayo Contra el odio: un alegato en defensa de la pluralidad de pensamiento, la tolerancia y la libertad. Editorial Taurus. 2016

Johan Galtung, Violencia cultural, Gernika Gogoratuz, Centro de investigaciones para la paz. 1989

Bruce, S. y Yearley, S. The Sade Dictionary of Sociology, Trowbridge, Sage Publications, 2006. s.v. «Scapegoat»

Levítico 16, Biblia Reina Valera 1960 (RVR1960) | Capítulo 16 | La Biblia App | Bible.com/es.


[1] «Levítico 16, Biblia Reina Valera 1960 (RVR1960) | Capítulo 16 | La Biblia App | Bible.com/es».

[2] Bruce, S. y Yearley, S. The Sade Dictionary of Sociology, Trowbridge, Sage Publications, 2006. s.v. «Scapegoat»

[3] Carolín Emcke nos trae su ensayo Contra el odio: un alegato en defensa de la pluralidad de pensamiento, la tolerancia y la libertad. Editorial Taurus. 2016

[4] Johan Galtung, Violencia cultural, Gernika Gogoratuz, Centro de investigaciones para la paz. 1989

[5] Carolín Emcke nos trae su ensayo Contra el odio: un alegato en defensa de la pluralidad de pensamiento, la tolerancia y la libertad. Editorial Taurus. 2016

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